El viernes pasado revisábamos el relleno estructural bajo la losa de un centro logístico camino a Coronel. La pregunta del ingeniero calculista era directa: ¿resiste 2.2 kg/cm² sin asentar más de 15 mm? En la cuenca de Concepción, donde el subsuelo mezcla arenas del Biobío con lentes limosos y nivel freático alto, la respuesta no sale de un SPT ni de un ensayo de laboratorio aislado. El ensayo de placa de carga mide el módulo de reacción k30 y la presión de hundimiento directamente sobre el terreno compactado, justo a la escala que trabaja una cimentación real. Lo ejecutamos con equipo calibrado bajo NCh1508, sobrecargando con camión o excavadora, y aplicando ciclos de carga-descarga que simulan el historial tensional de la estructura. En Concepción trabajamos en suelos que van desde arenas densas en San Pedro de la Paz hasta arcillas blandas en el valle del Andalién, y en cada caso el PLT da el dato de rigidez que el cálculo necesita sin extrapolaciones riesgosas.
El k30 medido en placa no se extrapola de un SPT: se obtiene del suelo real, compactado y confinado, como va a trabajar en obra.
